Las ventajas de ser antipático
Logroño, octubre 2018
Primera edición
ISBN 978-84-17386-09-2
200 págs., 14.5x21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas

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Las ventajas de ser antipático

Tribulaciones de un aventurero desnudo

Escrito, como quien dice, entre cuatro continentes (de Los Cameros a las montañas del Rif; del Cañón del Colorado a las calles de Pakistán; de los tugurios de París a la City de Londres; de Ginebra a Chamonix pasando por Äänekoski en Finlandia), este libro recorre multitud de universos poblados por seres diferentes, gente rara, a quienes las normas de la normalidad aún no han conseguido doblegar. Un libro que nos asoma a lecturas más que estimulantes, situaciones grotescas, exóticas historias del lejano Oriente y también —por qué no— a divertidas batallas. Las ventajas de ser antipático es una obra intimista y exhibicionista a la vez; un texto que no es condescendiente con las grandes imposturas de nuestra época, ni tolerante con la estupidez institucionalizada que nos acosa a cada paso. Y sus páginas conforman un tratado sobre lo importante que es ser antipático en un mundo que se desvive por tener una sonrisa profidén.

Un libro, en definitiva, que ahonda en el espíritu de Alpinismo bisexual («transformar lo épico en estúpido y lo estúpido en épico») y alumbra los nuevos caminos de la escritura del autor.

[...] Es importante hacer una cosa ilegal al día. No tiene por qué ser un atraco a un banco o jugarte al póker la casa de tus padres; basta con saltar la valla de un parking, pisar un sembrado u orinar donde no se debe. Es de esta reflexión pueril y prácticamente inofensiva desde donde nacen estas notas. Es un intento de combatir el mundo desde la antipatía, desde la desnudez, desde el humor, sin juegos de espejos pero con juegos de palabras, desde el número del bufón que se mete la zanahoria en el culo. Hacer de cada pequeño detalle un precepto de estilo como Henry Marie Just de Lespinasse de Bourzanel, el héroe francés de las luchas coloniales que cuando cayó abatido por una bala tuareg gritó:  «¡Qué contrariedad morir así de sucio!». [...]