Élisée Reclus nació en 1830 en Sainte-Foy-la-Grande (Francia) y murió en Torhout (Bélgica) en 1905.
Hombre sabio, justo y rebelde, fue uno de los padres más queridos del movimiento anarquista y revolucionario a nivel mundial. Y su aportación fue clave en la divulgación del conocimiento del medio natural.
Su padre fue un pastor protestante, y su madre, una mujer que pasó toda la vida enseñando en una escuela. A decir de Piotr Kropotkin, ambos eran personas extraordinarias. Se trataba de una familia numerosa y pobre. Doce hijos, de los cuales Élie —de quien hemos publicado su viaje por España: Hacia la Primera República— era el mayor y Élisée el siguiente.
Tras el golpe de Estado de diciembre de 1851, Élisée se vio obligado a abandonar Francia y pasó seis años viajando. Residió en Irlanda, donde abrazó con entusiasmo la causa del pueblo irlandés, viajó por el campo y conoció la vida cotidiana irlandesa, llena de hambre y miseria, vida que amó para siempre. Después viajó a Estados Unidos, y desde allí a Colombia y Guyana. De este viaje trajo consigo el odio a la esclavitud y el amor por las comunidades negras.
Durante la Guerra de 1870-1871, el sitio de París y la Comuna, Élisée se unió a la compañía de aeronautas y colaboró en la tarea, impresionante para la época, de mantener al París sitiado en contacto con las provincias.
En la revolución que estalló en París el 18 de marzo de ese mismo año, Reclus, que siempre odió los rangos y se sentía parte del pueblo, dio un verdadero ejemplo. Mientras los líderes blanquistas y jacobinos aceptaban puestos en el Gobierno de la ciudad rebelde, Élisée se echó el fusil al hombro y se unió a las filas de los federados. Desde el principio, la Comuna planeó realizar una incursión sobre Versalles, y Élisée participó en ella. Fue hecho prisionero y soportó un sufrimiento físico desmedido, así como las vejaciones de una burguesía triunfante.
Eruditos de toda Europa se sintieron profundamente conmovidos ante la situación de Reclus. Darwin, Wallace, W. Carpenter y muchos otros firmaron una petición solicitando la liberación del gran geógrafo, que fue finalmente condenado a deportación en noviembre de 1871. En enero de 1872, la sentencia fue conmutada por destierro, y Élisée pudo reunirse con su hermano Élie en Zúrich. Allí escribió el que quizá sea su más bello libro, Historia de una montaña, en el que agradeció a la montaña el servicio que le había prestado al permitirle recuperar una especie de equilibrio mental después de todo lo vivido y sufrido.
Autor de una obra descomunal, Reclus es considerado uno de los geógrafos más importantes de su tiempo. Destacan entre sus libros Geografía universal, El hombre y la Tierra, La Tierra o Evolución y revolución. Escribió incontables textos sobre las más variadas cuestiones sociales, científicas y naturales. Además, creó y participó en numerosas revistas y periódicos, como Bulletin, Le travailleur o Le révolté. También fundó en Bruselas una universidad libre.