Se anuncia la clausura de un zoo y se abren las puertas de las jaulas, pero sus moradores no tienen ninguna intención de marcharse. Además, aún no han comido…
Este es el punto de partida de una divertidísima fábula contemporánea que parece escrita a ochos manos entre La Fontaine, Samaniego, Augusto Monterroso y Wenceslao Fernández Flórez tras haber tomado una gotica de lsd.
Rey Elnó es la cara B de El rey león, una narración breve de Ánjel María Fernández, coautor de Insultario, autor de Los amigos, de Javier Cámara: El hijo del Labrador y de Había del verbo haber —ese libro que generó un sarpullido entre la comunidad educativa— y cotraductor para esta casa, con Elvira Valgañón, de Nonsense, de Edward Lear.
«Cayó la noche sin remedio, como tropiezan los niños cuando empiezan a caminar. Elnó se había quitado de encima a todas las moscas, que ya ni sabían, pobres, dónde estaban, ahítas y coloradas por dentro y por fuera. El hambre del que se habían desecho las insectas se instaló como un fantasma en la melena del león, que se garabateaba nervioso la pelambrera a punto de rasgarse un ojo por las inclemencias que le procuraba en el ánimo su apetito. Había que salir de casa y de caza».