Tras quedar huérfano de madre, Moisés vive con su padre y su hermana Luzia en Tapera do Paraguaçu, una aldea cuyas tierras son propiedad de la Iglesia, que posee allí un monasterio desde el siglo XVII. Todos los hermanos se han marchado en busca de una vida mejor, pero Luzia se ve obligada a quedarse para cuidar de su padre y del niño. A pesar de cargar con el estigma de unos presuntos poderes sobrenaturales, lleva una vida de profundo sentir religioso, trabajando como lavandera del monasterio y educando rigurosamente a Moisés con el objetivo de matricularlo en el colegio de los curas y garantizarle la educación que ninguno de ellos pudo tener. Sin embargo, la vida en este colegio marcará al niño de tal manera que acabará abandonando su hogar inesperadamente.
Varios años después, tras un grave suceso que sirve de pretexto para que toda la familia se reúna, Moisés se reencuentra con Luzia, una Luzia arrepentida de sus silencios y herida por las mentiras, pero también combativa, que lucha como nunca contra las injusticias y por la posesión de la tierra de sus antepasados.