Don René está desesperado y a punto de abandonarlo todo. Se quiere morir. Su hijo acaba de nacer en Logroño y eso atrae sobre él todas las desgracias del universo. Por culpa de su lugar de nacimiento, el niño no podrá ser torero. Pero ¿por qué esta criatura no podría haber nacido en Sevilla o alrededores?
Así comienza Cuando el toro se llama Felipe, y a partir de ahí el disparate es de aúpa. Esta fábula taurómaca es una de las primeras narraciones largas de Azcona y, hasta la fecha, no se había vuelto a reeditar.
Con el paisaje de fondo de la sociedad española de los cincuenta, estas Memorias de un señor bajito, cargadas de una finísima ironía, inequívocamente azconiana, relatan la peripecia vital de Juliano Fernández, hombre normal donde los haya al que le ocurren cosas normales y al que no dejan de cruzársele en el camino fenómenos paranormales. Así conoceremos los cuidados que este peculiar pícaro de posguerra le brindó a su abuelo, sus incursiones en el mundo de la economía, sus cursos de enseñanza por correo urgente, cómo consiguió la Cruz del Mérito Agrícola, en qué consistió su labor de Inspector de Tontos de Pueblo, lo que le depararon sus agridulces noviazgos o cómo la carrera laboral de este antihéroe lírico y bufonesco cristalizó en una seria aversión al trabajo.