El deseo de los otros
Traducción del portugués de Rodrigo Álvarez
Logroño, junio 2026
Primera edición
ISBN 978-84-10576-56-1
176 págs., 14.5x21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas

Próximamente

El deseo de los otros

Una etnografía de los sueños yanomami

En El deseo de los otros, Hanna Limulja nos abre una puerta al mundo yanomami a través de los sueños. ¿Con qué sueñan los yanomami? ¿Qué significa soñar y por qué es importante? Entre los yanomami, los sueños no son deseos inconscientes del sujeto, tal y como los describe el psicoanálisis, sino que soñar es habitar otros mundos, encontrarse con otros seres.
     Los yanomami ponen en común los sueños, y estos, al ser socializados, adquieren funciones prácticas, desempeñando un papel político en el día a día de la comunidad. A Hanna Limulja, y a los yanomami, lo que les importa no es tanto la interpretación de los sueños como lo que se puede y se debe hacer con ellos.

Este magnífico y valioso libro nos permite adentrarnos, a través de su relación con los sueños, en la cosmovisión de los yanomami, una de las mayores comunidades indígenas relativamente aisladas de la selva amazónica, y nos ayuda a concebir nuestros sueños como parte esencial de nosotros mismos.

«Cuando los lectores brasileños, americanos o europeos escuchan la invitación de Davi Kopenawa a soñar, hay motivos para temer un malentendido de la peor especie. Porque si hay una tendencia fatal en la vida de los blancos es precisamente la que lleva a “perseguir los propios sueños” entendidos como deseos individuales que no admiten ni condiciones ni cortapisas. ¿Qué hacen los buscadores de oro, sino perseguir su sueño de riqueza? Mi sueño a toda costa —el lema de la autoayuda—. Pero el relato de Hanna muestra, con toda simplicidad, que hay una diferencia crucial entre ese modo de soñar y el que Kopenawa propone. Para los yanomami el sueño no es nunca la expresión del propio deseo —como Freud nos dijo en su día—, sino precisamente, como dice el título del libro, la expresión del deseo de los otros. Quien sueña mucho, y quien sueña lejos, más allá de sus circunstancias inmediatas, sabe hasta qué punto nos rodea ese deseo de los otros —de innumerables otros, porque la tierra no está hecha solamente de y para los deseos humanos—. Y ese deseo es casi siempre temible, por cierto: nada de lo que podemos aprender de esos últimos habitantes de la selva es un cuento de hadas buenas, una fábula de animalitos risueños. Los sueños nos advierten de peligros; sea la mala voluntad o la sed de venganza de alguien, sea el amor que aún nos profesan nuestros muertos queriendo llevarnos a su lado. Si se aprende tanto de los sueños es porque son una ventana abierta por donde se cuela el rumor de los otros habitantes del mundo. Los yanomami pueden enseñarnos algo no porque sean ciudadanos impecables de la tierra, sino porque escuchan ese rumor y saben que no son dueños de todo. A nosotros, cuando esa sospecha nos inquieta, no falta quien venga a instruirnos: “No es nada, es solo un mal sueño”. Otra forma de ingenuidad, quizás fatal. El libro de Hanna Limulja describe, paso a paso, la abertura de los yanomami al mundo del sueño y sus mensajes, desde las conversaciones cotidianas y el despertar a los parlamentos nocturnos en el patio de la aldea hasta esas ceremonias funerarias en que los yanomami, lidiando con la nostalgia de sus muertos, se sumergen por largos días en el mundo de los sueños. Y de ese viaje se puede aprender mucho». —Del prefacio de Óscar Calavia