Txalaparta
Logroño, marzo 2023
Primera edición
ISBN 978-84-18998-99-7
192 págs., 14x21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas

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Txalaparta

«Una historia brutal como un disparo: ruidosa, rápida y mortal».—Manuel Jabois

«Como un puñetazo en el estómago o un beso en la boca, la escritura de Agustín Pery es directa, descarnada y rabiosamente atinada. Y, como en ambos casos, cuando se recibe, sorprende y noquea».—Rebeca Argudo


«Txalaparta es una novela de percusión; tiene un ritmo oscuro de bosque domesticado y la pulsión de quien usa la palabra para golpear sin cansancio la vida».—María José Solano


«Txalaparta y Moscas se quitan la palabra. Son independientes, pero verlas como parte de un mismo retablo las enriquece. A ambas las emparenta el ritmo, la rapidez, el bello espectáculo de lo violento, los diálogos picados… todas las virtudes de una navaja suiza reunidas en la voz de Agustín Pery».—Karina Sainz Borgo

«Pery escribe con la ametralladora de todos los talentos. Aquí ha logrado un monumento salvaje de una España a la que nadie se asoma, entre el terrorismo de emoción y el mural del miedo».—Ángel Antonio Herrera

«Pery conoce los tempos, la carpintería, la creación de atmósferas y la carnadura de los personajes. Solo un veterano del periodismo callejero es capaz de esa sorna implacable».—Jorge Fernández Díaz (sobre Moscas)

«Txalaparta es una sucesión de puñetazos en el estómago con un tono tan personal que cuando te quieres dar cuenta ya no duelen. El sonido se te ha pegado al estilo y es tarde para salir. Pery es un terrorista de la palabra».—José F. Peláez

¿A qué huele la niebla en esta novela? A maldad. A maldad pura y dura.

Un policía nacional euskaldún —cualidad muy apreciada, por escasa, en el Ministerio del Interior— conocido con el sobrenombre de Txalaparta —por el ritmo y la contundencia con la que golpea a los detenidos—; su hijo, un adolescente militante abertzale; y una madre a la que entre ambos han hecho de su vida un infierno son los protagonistas de esta novela ambientada en la Navarra de los años noventa del siglo pasado.

Esta precuela de Moscas —ese magnífico thriller que con tanta precisión diseccionó la corrupción en Mallorca— supura un humor negro desbocado. Su ritmo endiablado, las situaciones más que inquietantes que plantea y la maestría narrativa con la que se resuelven convierten Txalaparta en una novela que no podrás soltar de las manos.

Txalaparta no se puede leer con las anteojeras de la política porque no atiende al maniqueísmo de buenos y malos: algunos son verdugos, pero todos son víctimas. Y unos y otros respiran una atmósfera, la del terrorismo de eta que lo envuelve todo con su niebla espesa, asfixiante.