Joserra Díez (Bilbao, 1970)
Rubén Ladrera Fernández (Nájera, La Rioja, 1980)
Francesc La Roca
«El alma se oscurece es una novela de una belleza extraña y luminosa, con una prosa exquisita que envuelve, arrastra y mece». —Elena Correa
Esta pequeña novela esconde una gran pasión. La de una mujer cuya vida cotidiana va siendo devastada por turbulencias sentimentales. Sumergida en el pozo de la enfermedad mental, la medicación va disolviendo su historia de amor en el olvido.
Cuando no nos resignamos al olvido, escribir abre una cicatriz en la memoria. La obra entonces se hace para mantener algo, o a alguien, vivo. Para seguir teniendo aquello que perdimos. Respiran por esa herida el amor, el dolor, la locura y la muerte. Una vida, sus añicos, poco más somos que esos puñaditos de recuerdos.
«Cuánto, para qué y cómo recordar; cuánto, para qué y cómo olvidar».
Se había levantado temprano aquella mañana y el viaje se le empezaba a hacer largo. Sentía los ojos quemados y, en lo que es una exacta definición de la palabra autorretrato, el retrovisor mostraba que el tiempo seguía cincelando las arrugas en los bordes de sus ojos. Estaba cansada. Empezaba a estar siempre cansada.
«Una mirada que alumbra los entresijos de un país que existe gracias a la vida que construyen las mujeres». —Brenda Navarro
«Tal vez nadie entienda a México —sus mujeres, la gente de a pie, sus soldados, sus tristezas, la infinita resistencia de su gente— como la narradora y periodista Daniela Rea. Mezclando entrevistas, investigación y su experiencia personal, aquí aparecen la maternidad y la comunidad que se hace cargo del cuidado en toda su complejidad, y en toda su ternura también. Cada palabra suya atraviesa el cuerpo y cala directamente en los huesos. Así de poderosa es su palabra; así de entera su visión». —Cristina Rivera Garza
Cuidar nos conserva, nos sostiene y nos reúne, pero también nos arrasa y nos agota. En Fruto, las contradicciones del cuidado se abordan a partir de catorce voces que se van trenzando para construir un libro transgeneracional que explora una obviedad poco reconocida: las historias de crianza no se reducen a las madres, sino que nos involucran a todas. No todas somos madres, pero todas hemos cuidado y hemos sido cuidadas. Cuando las labores interminables de la maternidad arrinconaron a Daniela Rea Gómez en un espacio oscuro, hizo lo que mejor sabe hacer, periodismo.
«Cuando nació mi primera hija me sentí asolada, pese a estar acompañada por mi madre, mis hermanas, mi compañero y mis amigas. La crianza me arrinconó en un espacio oscuro mientras el mundo exterior me exigía reivindicar quién soy como periodista. Para entender mi nueva circunstancia hice lo que sé hacer: periodismo. ¿Cómo interpreto el mundo? A través de las experiencias de otras personas, de escucharlas y entender cómo su propia historia va encontrando un lugar y un sentido en el mundo que viven. Escuchar a otras, para escucharme a mí misma y encontrar lo común.
Así que en medio de ese asolamiento comencé a buscar a otras mujeres que maternaban para entrevistarlas. Escucharlas me hizo pensar en cómo yo fui maternada y eso me llevó a entrevistar a mi mamá. Pronto, me di cuenta de una obviedad: que las historias de cuidados no se reducen a las madres, sino que nos involucran a todas. Este no es un libro de maternidad, es un libro sobre los cuidados que nace bajo la premisa de que no todas somos madres, pero todas hemos cuidado».
Daniela Rea Gómez (Irapuato, 1982) es periodista y autora de los libros Nadie les pidió perdón. Historias de impunidad y resistencia (2015) y La Tropa. Por qué mata un soldado (2019). Asimismo, es editora del libro Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra (2020) y directora del documental No sucumbió la eternidad. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo 2018, el Premio Gabo de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (colectivo) en los años 2017, 2019 y 2022 y el Premio Alemán de Periodismo 2021, entre otros.
Fragmento del prólogo de Xabi Puerta incluido en el libro:
(...)
Es un libro excepcional de relatos fantásticos que ya figuran en todas las antologías del género. Ha sido editado por varias casas editoriales, pero hasta hoy estaba agotado. En los años 60 surgió, inopinadamente, esta «flor del mal», llena de un humor que adquiere nuevos matices y tonalidades con el tiempo. El lector se lo pasa muy bien en este clima de jocundo terror, entre vampiros, momias y licántropos, y extraños fenómenos que suceden en su vecindad más reconocible y cotidiana.